Los niños no son los espectadores del mañana por la sencilla razón de que son los espectadores del hoy. No son un ensayo de adulto; ellos son aquí y ahora. Quiero decir que aquellos que escribimos teatro para la infancia no trabajamos para que el día de mañana los autores que escriben teatro para adultos reciban espectadores entrenados. Escribimos para niños y jóvenes con la certeza de que también ellos tienen derecho a vivir la experiencia total del teatro, y ese derecho incluye no tener que verse sometidos al aleccionamiento constante. Una butaca no es un pupitre. ¿Quién será capaz de negarles este inmenso placer de las emociones que es el teatro?
>Marcos Vilela