Hay cavernas que engullen y desgarran. Cavernas abiertas, estrechas, propias y ajenas. Estas cavernas que aquí se narran, demuestran vigentes melancolías femeninas: madre triste y solitaria, hija enlodazada en las profundidades del asco, del deseo, del odio y el cariño, que intenta dilucidar un presente que se le escapa y se le repite como un mal sueño, y un par de hombres inoperantes que tienen el mal vicio de dominar.