Las vidas que tengo: cada crónica guarda en sí un episodio, momento o temporada; atrapa emociones, pálpitos de lo que fue y queremos contar; contiene añoranzas de vidas reales, paralelas o imaginadas, con las cuales vamos urdiendo la historia de la propia existencia. A mis lectores, no puedo asegurarles que todas las crónicas toquen sus ánimos de igual manera. Lo invariable -lo que las hace formar parte del mismo suceso- es que están transidas de honestidad y pasión, siempre animadas en la certeza de que -como dijera Descartes- todo nuestro bien y nuestro mal dependen en mucho de las emociones interiores, recónditas del alma.