«Las paredes oyen» es la mejor de las comedias de don Juan Ruiz de Alarcón, y se distingue por no encontrarse en ella los defectos que eran comunes a cuantas en aquella época se escribieron.
No tiene escenas enfadosas ni largos recitados, ni se abusa de aquellas conceptuosas retahílas en que para expresar sentimientos de amor se prodigan las metáforas mitológicas; las mutaciones de decoración no son frecuentes; el plan está hecho con una admirable habilidad.
Don Mendo, que es vano y murmurador, pregona sus venturas y corteja a dos damas: doña Ana, a la que ama verdaderamente, y doña Lucrecia, prima de esta; y como por escrito y de palabra habla mal de una y otra, ambas lo llegan a saber y las dos le rechazan, otorgando sus favores respectivamente a dos galanes, que las defendieron de las murmuraciones de don Mendo.